viernes, 3 de julio de 2009

La profunda humanidad


De Padre Pio de Pietrelcina quedan imprimidas, en la mente y en el corazón, las imágenes atadas a los estigmas, su oblación a Dios, las gracias y los milagros obrados por su intercesión, el ministerio sacerdotal sublimado sobre el altar y en el confesionario, el amor para Jesús crucificado y para la Virgen Maria.

Sin embargo, aparte estos aspectos que pertenecen a la dimensión de fe del fraile estigmatizado, hay algunos elementos intensamente humanos que desmienten aquella imagen severa, pero no verdadera, que lo acompaña. Tras la cáscara dura del fraile huraño, Padre Pio esconde una ternura extraordinaria que revela en muchos momentos de intimidad familiar y de vida religiosa. Son los momentos más escondidos de su vida, de sus relaciones con los amigos, a testimoniarnos un fraile dotado de grande dulzura y sensibilidad de ánimo.
Padre Benedetto de S. Elia, que ha estado cerca de Él y será el directo testigo de su fallecimiento de este mundo, dice que Padre Pio tiene un corazón de oro y muchas veces se comporta, en su sencillez y en la manifestación de sus cariños como un un eterno niño, exultante a las sorpresas que se proporcionan, de la toma de tabaco a la oferta de una chocolatina.
Un hombre que aprecia plenamente la alegría de la amistad y que siempre se muestra sensible a cada mínima cortesía, correspondiendo en ruegos y gracias. Un fuerte sentido de humanidad y bondad que se derrama hacia todo, empezando con sus parientes, hijos espirituales, cofrades, para acabar con todas las almas que encuentra a lo largo de su vida. . He aquí como manifiesta su gratitud en una carta les mandada a los padres:
"Una voz parece que me hablas al corazón con el hacerme oír toda la gratitud y la plenitud de las obligaciones que tengo hacia vosotros, que fuerais y siempre sois las personas por mí más queridas".
A menudo he hablado del gran cariño de Padre Pio hacia su madre Peppa (Giuseppa Di Nunzio, n.d.a.). Me gusta aquí reconducir un hermoso diálogo ocurrido el 5 diciembre del 1928 sobre la plazoleta del convento de S. Giovanni Rotondo. Mamá Peppa encuentra al hijo y le toma una de las manos llagadas. Luego, mientras la besa le dice: "Padre Pio, te beso la mano de parte de tía Libera, de tía Pellegrina, tía Filomena...... y tanto otras tías y parientes.
Luego, mirándolo tiernamente, exclama: Y ahora la beso por "mí". Pero a estas palabras el hijo, retirando enseguida las manos, contesta: "¡Esto nunca! El hijo tiene que besar la mano a la mamá y no la mamá al hijo"
La expresión del rostro y sobre todo de aquella su mirada profunda, pero mientras tanto infantil, cándido como aquel de un niño sin malicia, le revelan en Padre Pio "un que de así simple, de así bueno, a veces de así infantil, que inspira simpatía y despierta la impresión de una gran sinceridad.....
Su humildad y modestia... caracterizan su espíritu.... Su humilde devoción que siempre demuestra hacia sus superiores, el amor fraterno que lo une a todos los que lo circundan, la austera severidad con el que, a pesar de la habitual dulzura de los rasgos, cumple a su ministerio, serían de por si elementos suficientes a expresar el valor y el equilibrio de su psique".
Padre Pio a menudo es alegre, sonriente, casi burlón. Carlo Campanini, el célebre actor de muchas películas y espectáculos de revista, le pregunta, un día, como pueda ser su hijo espiritual si luego, la tarde, es obligado a hacer el bufón sobre el escenario teatral. Entre lo serio y el facelto el Padre le contesta:
"Hijo myo, en este mundo cada uno de nosotros hace el bufón mejor que puede en el sitio en el que el Dios lo ha puesto.
Un Padre Pio alegre, simpático, burlón, parece así diferente de lo que muchas veces aparecen entre las muchedumbres de los fieles. Es una actitud diferente para tratar de tener a cuida la devoción de los fieles que, muchas veces, roza el fanatismo. Es el mismo Padre Pio a confiarlo a su superior padre Carmelo de Sassano:
"..... se tiran encima como hienas: me aprietan la mano como en una mordaza, me tiran los brazos, me comprimen de cada parte para llegar a tocarme... y yo me veo perdido, y tengo que hacer lo duro. Me siente mucho, pero si no hago así me matan".
A un seminarista de Varazze que se disculpa para lo haber hecho enfadarse, Padre Pio con toda dulzura contesta:
"No, hijo myo. Las palabras tienen que ser externamente así a veces, nos mata de otro modo; interiormente pero nunca va fuera la serenidad, ¡Y supiera cuánto quiero a todo!".
Entre las muchas conversiones ocurridas sobre el Gargano, en los años siguientes a la posguerra, aquel de Italia Betti tiene un particular sentido de credibilidad. La señora Betti, profesora de matemáticas en el bachillerato Galvani de Bolonia, el 14 diciembre del 1949 sale de viaje hacia S. Giovanni Rotondo. Ella es muy conocida en los entornos políticos boloñeses, por sus ideas comunistas y por su empeño de secretaria provincial de la unión Mujeres italianas, además de ser propagandista convencido y entusiasta, de las ideas marxista-leninista, en la Región roja de la Emilia Romaña. Una incansable partidaria del Comunismo, por lo tanto. Parece extraño, entonces, que una mujer fuertemente arraigada en tales ideologías, se meta de repente en viaje por S.Giovanni Rotondo: lugar de ruego y conversión, de espiritualidad y de "Grandes vueltas" en los brazos del Padre Misericordioso. Si no que, a aquel viaje, Italia Betti es empujada por el mismo Padre Pio que le aparece en sueño. Llega sobre el Gargano, mientras se encuentra en la iglesia de S.Maria de las Gracias, Betti que está muy enferma, se desmaya mientras Padre Pio está celebrando la Santa Misa.
Después de una noche pasada sin poder dormir, la mañana se presenta de nuevo en la iglesia del convento capuchino y se dirige enseguida hacia el confesionario de Padre Pio. Luego públicamente declara de abjurar a aquellas mismases ideas comunistas por las que algún día antes habría dado hasta su misma vida. Una transformación radical ocurre en su corazón de racional profesora de matemáticas que del ateísmo marxista-leninista se convierte, delante de Padre Pio, a la fe en el Nazareno Crucifijo.
A la sombra de Padre Pio Italia Betti empieza su itinerario de Rescatada. En primer lugar le escribe al rector, a los colegas docentes y a algunos sus alumnos del bachillerato Galvani, por fin abriendo su alma: "Yo he conquistado la paz. Rogáis por mí". Estas sus palabras expresan un nuevo camino de conquista y renuncia.
Conquista de una experiencia de Cristo que no ha podido hacer nunca, pero cuando Él te toma, te envuelve en la conciencia de un Amor sin límites, de que este simple y humilde fraile estigmatizado es la imagen más palpable y viviente.
Renuncia que quiere decir dejar a los hombros todas las conquistas, el prestigio acumulado en estos años de enseñanza en matemáticas en un prestigioso bachillerato boloñés y fama de célebre comunista, para emprender el itinerario cristiano: "Quién quiere venir detrás de mí, le reniegas mismo, tome su cruz y me siga."
Muchos ex compañeros de partido intentan todo lo posible para hacer volver Italia Betti sobre los mismos pasos. Pero no alcanzan el objetivo. Betti ya no quiere abandonar S.Giovanni Rotondo. Allí quiere vivir a la sombra del sacerdote que la ha reconducido a Dios. Y a S.Giovanni Rotondo morirá de tumor el 26 octubre del año siguiente. Ahora yace en el pequeño cementerio con el vestido de terciaria Franciscana.
Los sufrimientos y las alegrías se alternan de modo significativo en la vida de Padre Pio, hasta devolverla un "Rosal" viviente en el de que la miríada de espinas hace de corola a las muchas flores gracias que el Dios prodiga a través de este su pequeño "instrumento" de misericordia y amor.
El 6 junio del 1954 Padre Pio celebra su primera Misa a lo abierto, sobre la plaza enfrente la Iglesia. Grande el concurso de fieles y romeros que le acuden a S.Giovanni Rotondo.
Tres años después Padre Pio sigue siendo instrumento de gracias por el que Dios manifiesta su Potencia. No está solo sobre el Gargano que ocurren milagros y curaciones prodigiosas. También a distancia de millares de kilómetros, lejos del clima de férvida devoción que le se respira a S.Giovanni Rotondo, ocurren hechos extraordinarios, como aquel raccontatato de padre Onfroy sobre la revista Notre-damas des Temps nouveaux, marzo-abril de 1958.
UN EXTRAORDINARIO EPISODIO DE BILOCACIÓN ES CURACIÓN EN TIERRA FRANCESE
El hecho se desarrolla en Alençon el 29 de enero de 1957, y concierne la familia Batonnier. El hijo, Daniel Batonnier, golpeado por meningitis cerebroespinal aguda, está en punto de muerte. Hospitalizado en hospital, se debate y delira contra los tormentos de una agonía cada vez más cercana.
El médico del hospital exhorta la madre a hacerse ánimo porque por la ciencia médica no hay nada que hacer y al niño sólo queda un día de vida. La madre, al colmo del dolor, confía sus penas a algunas personas vecinas. Una de estas amigas le dice: "Señora, si le gusta, mandaremos por su parte un telegrama a un santo sacerdote capuchino italiano, preguntándole de rogar y de bendecir a un niño que está muriendo".
El telegrama es padecido enviado a las 13,30 por la oficina de correos de Alençon. Destino: Padre Pio de Pietrelcina, S.Giovanni Rotondo. A las horas 15, la Señora Batonnier está cerca del hijo en hospital. Daniele tiene 41 de fiebre y está en poder de terribles convulsiones. La monja de servicio trata de exhortar a la madre a ir, para evitarle la pena de asistir a la muerte del niño. Pero al instinto materno no se puede mandar. La mujer queda junto al figlio. A las 16 la fiebre baja a 37. El niño por fin vuelve normal. Es salvo. El mensaje ha llegado al destinatario y el ruego de Padre Pio lo ha curado. A este punto la mamá vuelve a casa. El día siguiente mañana vuelve a hospital y ve a Daniele completamente curado. Al que el médico exclama se asombrado: "No logramos entender nada, su hijo no sólo es salvo, pero completamente curado! ".
En presa a una alegría indecible, la mamá vuelve a casa, dónde encuentra a las amigas que mandaron el telegrama a Padre Pio, comunicando a ellas que Daniel ya es curado. Entonces las amigas le regalan un libro le dedicado a Padre Pio. Sobre la cubierta hay una gran foto del fraile estigmatizado. Volviendo del brazo a hospital con el libro, la mamá de Daniele se acerca al hijo. Daniele mira el libro y enseguida dice: "Ay!, mamá. ¡Yo lo conozco aquel sacerdote! Ya ha venido a encontrarme dos veces de mañana. E incluso canturreó, para no darme miedo.... Luego ha ido fuera.
Y la mamá: "Es imposible, hijo myo, que un sacerdote que está a muchos kilómetros de distancia haya venido a encontrarte". Evidentemente, la Señora Batonnier no supo que Padre Pio ha recibido de Dios el carisma de la bilocación y que para curar este niño, a él confiado, recorrió en bilocación unos dos mil kilómetros. Un milagro que cambia toda la vida de la familia Batonnier. Los dos padres del pequeño Daniel, que no se fueron casados, por fin deciden meterse en regla delante de Dios. Mientras tanto Daniel le susurra de vez en cuando a la mamá: "Sabes mamá, de grande quiero ser sacerdote... ".
Mientras tanto el 4 de abril 1957 Padre Pio es nombrado por Pio XII director a vida de la hermandad del Terz'ordine Franciscano "S.Maria" de las Gracias y le es otorgado el privilegio de conducir personalmente la Casa Alivio del Sufrimiento. Pero ya se delinean, al horizonte, nuevas y más poderosas nubes, sobre el cielo del fraile de Pietrelcina. A adelantarle, casi como la experiencia alegre del Tabor antes del Calvario, la Visita de la Virgen de Fatima a S.Giovanni Rotondo.